jueves, 14 de junio de 2012

Desconocidos

-¿Qué otras cualidades puede tener el vino? – preguntó Alejandro.

- Calienta. Sabe bien, cuando es bueno. Y une a los hombres. Como el hambre sufrido en común, o como una enfermedad que afecta a un grupo, también el vino bebido en compañía da calor y proximidad. Puede iluminar las noches y dar alas a las conversaciones, que no por eso se hacen mejores, o más profundas, pero sí más agradables. Más llevaderas. Y después se duerme bien.

- El no duerme –dijo la iliria. Demarato escuchó por primera vez su voz. Era aguda y basta, como un viejo cuchillo cuyo filo ya no resulta evidente, pero  todavía existe- No duerme. Incuso después de hacer el amor se queda despierto y camina.

Alejandro miró hacia la hoguera.
- Proximidad, calor… La agradable presión con que a veces se junta el haz de mil cañas que es el hombre, quien tal vez conozca una o dos docenas de esas cañas. Los pocos momentos en los que se quién soy. O creo saberlo.

- ¿El haz? –Demarato bostezó y se frotó los ojos- . Las cañas son todas las cosas que llevas dentro de ti. Pero también dependen de cosas que te rodean.  Cuando no tenía un lugar Odiseo no era nadie.  Para ser alguien necesitas un lugar. Murallas y paredes. El árbol a cuya sombra tienes un sueño, que recuerdas años después, cuando te llega  a la nariz la misma mezcla de olores que entonces: una tierra determinada, hierba en flor, excremento de burro, el olor de los pies del arriero que acaba de pasar, vino derramado, vómito junto a un pozo, todo eso y más. –Pensó un momento-. Platón imaginó una republica inhabitable, un no-lugar,  una utopía en la que todos eran nadie. Tal vez tú todavía no hayas encontrado lugar.

- ¿Cuál es el tuyo, Demarato?

- ¿Mi lugar? Corinto. Yo puedo dejar el hogar porque lo llevo conmigo.  Siempre una parte de mi esta en Corinto, porque una parte de Corinto esta dentro de mí.

- Este lugar… -Alejandro señalo con el brazo derecho la oscuridad, la casa, a la iliria, que lo miraba con una sonrisa velada-.  Aquí he sido alguien. Tenía cosas que hacer: mantener juntos a los amigos y estimularlos, construir casas, levantar un pequeño reino. Hubo algunos momentos en los que supe quien soy. A veces, cuando se unen dos cuerpos, las  mil cañas forman un haz y el haz esta cada vez más apretado. Después viene el momento de la conciencia, que es al mismo tiempo el de la disgregación, cuando las cañas se separan más que nunca. Eso se siente, siempre. Y es tal vez en ese instante fugaz, cuando todos los hombres como las mujeres sentimos que somos alguien, que no somos un alguien sino un todo. Y lo mismo ocurre cuando se transmiten conocimientos acumulados por los siglos y las generaciones. De algún modo soy Aristóteles cuando utilizo una hierba del modo en que el me enseño a utilizarla. Y ella –dijo señalando a la mujer- será de algún modo Alejandro cuando regrese con los suyos y les enseñe las cosas que ha visto aquí. Pero mañana yo seré otro Alejandro. Uno que cabalgara contigo a través del desierto y que no quiere regresar a Pella, a la que añora.

- Quizás tu añoranza te mencione alguna vez tu lugar. El lugar en el que llegas a ser tú mismo.

Alejandro sonrió, pero era una sonrisa atormentada.
-¿Mi lugar? ¿Mi añoranza? Siempre al otro lado de las montañas. De la Oikúmene. El borde del mundo. Quizás tenga que ver todos los lugares.

- Entonces tendrás que ser de todos los hombres.



Fragmento. "Alejandro. El unificador de Gracia. La Helade." Gisbert Haefs



5 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Me gustaría haber sido arquero del Gran Khan...

Besos.

Darío dijo...

Me gusta.

Dany dijo...

Siempre me fascinó la vida de Alejandro. Hay una historia novelada en tres libros con muchas descripciones de época, -Alexandros- de Valerio Manfredi que devoré.
Un beso!

Arturo dijo...

Corina:
Sin dudas, Alejandro fue un personaje excepcional.
Tuvo la inteligencia de adoptar las costumbres de los pueblos que conquistaba. Los asimilaba a sus ejércitos, mediante los rehenes que tomaba y las bodas que organizaba. Pero, desde el punto de vista moral, no era tan grande, ya que cometió injusticias y de las peores, incluso con todos quienes lo rodeaban.
Un ser despreciable, sin dudas. En el Siglo XX hubiera sido nazi.
Saludos.

Paula Cruz dijo...

Hola Corina, me gusta tu blog, multitemático por lo que veo.
Este pasaje que compartiste es muy interesante, porque Alejandro es sin lugar a dudas un personaje controversial.
Me gustaría investigar más sobre la vida de él.
Como estudiante de historia que alguna vez supe ser, encontraba que Alejandro era un grande y un pequeño a la vez...
Un gran personaje histórico y una pequeña persona.
Te dejo un beso al alma y me quedo por tu espacio.