sábado, 2 de junio de 2012

In*mortalidad

¿Cuál es el designio de mis manos? 
Si el está lejos, yo tengo, pero no tengo manos.
Me condena a la ceguera, el que no tiene cuerpo. 
Me cierran los ojos como a un muerto 
los dedos delicados de la ausencia
Sobre su boca late mi corazón y solo en ella
Tiemblo en la escarcha, distante y corroída
me reseco en el frío que extrae 
de mis venas
los últimos residuos de calor
La piel se engrosa, se amorata 
y espera.

¿Cuanto?

Si pudiera morir…
Cada día me mato 
me mato de mil modos
Clavo en mi pecho
hundo y remuevo 
recuerdos como filos 
fríos y oxidados 
dibujos en mi frente 
de cuando la vida 
era en sus labios.
Mas no muero
Y aunque intento no llorar 
nada brota 
nada aflora
nada muere. 
Porque no vivo
Porque solo sobre sus labios...
... solo en ellos





9 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Tus manos son listas.
Saben lo que te conviene.
A que si?

Besos.

Emanuel Tomasin Borda dijo...

Hermoso poema Corina.



Saludos.

Tranquilino González dijo...

Bueno, no es para desmentirlo, todos los días vamos muriendo un poco...

Dany dijo...

Que condena terrible esa inmortalidad!

Me distraigo viendo a Buffarini, jaja!

Un beso!

Fernando Garriga dijo...

¿más no muero?
¿menos muero?
clavos
es clavos
re cuerdos

Elchiado dijo...

*

Arturo dijo...

Corina:
Nada más triste que esperar lo imposible: nunca se va a dar.
Angustiosa sensación deja el poema, ya que su resolución no se vislumbra sin un cambio de actitud en quien dice esas palabras.
Cada amor es único, pero sería muchísima mala suerte haber perdido al que parecía ser perfecto.
Por otra parte, si se perdió es porque no era tan perfecto al final de todo; lo que es auspicioso, pues nos indica que hay otro mejor que él.
Hasta pronto, Corina.

El hombre de Alabama dijo...

Matarse es pecado mortal, recuerda.

Humberto Dib dijo...

Estás cada vez más apocalíptica, pero la tuya es una apocalipsis personal y desgarradora.
Uf, me dolió...
Un beso, Cori.
HD