lunes, 5 de noviembre de 2012

Después de un naufragio

Sonreír 
un poco aunque los labios
suenen a bisagras oxidadas. Asomarse
sin alas por el filoso vértigo de la cornisa
y abrazarse al sonido de una voz cercana 
que aturda a los fantasmas encajados
entre el silencio y la palabra
Dejar 
que un beso teja
raíces en la carne y entrelazado engendre

una emoción como semilla 
que se abra
al tallo erguido y ascendete
desnudo y fuerte, frágilmente vivo
Brotar 
llenándose de flores 
hacia adentro. Respirar 
después de tanto, respirar.
Dejar al río desbordar sin enjugarlo y 
que busque un cause, un cuerpo cauce
el bendito, 

el que me mira con sus ojos, desde el alma
sembrando un himno material como sus manos
naciendo odas en el vientre, germinal
fusión de mi naufragio y de su arribo




4 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Yo no puedo sonreír ni antes del naufragio.

Besos.

Garriga dijo...

dios corina
cada dia mejor
te haría un libro
vos no lo vas a creer
pero yo yugulo, yo supuro yo soy yo cuando te leo

Darío dijo...

Haga el esfuerzo, y entre quebradero de huesos, florezca...

la MaLquEridA dijo...

Este náufrago tiene salvación seguramente.