domingo, 6 de enero de 2013



La ausencia de voces tiene sonidos, y resulta
que el mundo se escucha desde la casa vacía
La casa vacía suena a mis pasos
a la pequeña chispa de fuego
que enciende las hornallas
a cacharros que se mueven
agua que llena un jarro y luego hierve
a un cuchillo que pica sobre una tabla de madera
colores vivos vegetales y la soledad
que comienza a oler a rica cena, y que a veces
se pone tan mullida y cómoda




8 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

si, si.... pero de la pared ni un verso eh?

Confiesa!!!

Besos.

Corina dijo...

y besos :)

PD: jamas confesaré

Esilleviana dijo...

Al final la casa nunca está vacía. Encuentras algo que te hace recordar, pensar, asociar, revivir...

un saludo

carlos Niederheitmann dijo...

Ni aún estando a solas alcanzo la soledad. Al rítmo del cuchillo, llegan a galope los recuerdos del día, y del día anterios, y del mes anterior, y recuerdo cuando era un niño y me negaba a comer...

Me gustó mucho la entrada, me transporta.

Besos.

Darío dijo...

Suena fuerte, claro que sí. Un abrazo, nenita.

la MaLquEridA dijo...

La soledad suena a besos perdidos y tiene sabor a vacío.

Gala dijo...

La casa vacía puede llenarse de nosotros, a veces es la mejor compañia, pero claro, sólo a veces.

Me encanta eso de la ausencia de voces tiene sonidos... sin duda alguna los tiene, más de los que a veces nos gustaría.

Besos mediterráneos.

Jon Igual dijo...

La casa como única compañía, me dejó un poco triste...
Besos.